viernes, 7 de noviembre de 2014

ESPIRITUALIDAD










APEGOS Y SUFRIMIENTO

“La libertad no es más que otra palabra para decir que no hay nada que perder”
Erick From


Desde el momento de la gestación dependemos de un conjunto de elementos que proceden del exterior, de nuestro entorno, sin los que la vida no sería posible o no sería tan fácil y cómoda como lo es ahora. Existen cosas que son absolutamente imprescindibles y cuya carencia nos provoca arduos sufrimientos. Necesitamos además construir edificios en donde protegernos de la intemperie, vehículos para desplazarnos, también cierta educación y una preparación específica para desarrollar una actividad profesional, el teléfono e internet para comunicarnos y obtener información y un sinfín de artefactos y servicios que aunque no son imprescindibles para mantener nuestras funciones vitales, son necesarios para desenvolvernos con cierta libertad y seguridad en la sociedad contemporánea.

Para conseguir y mantener la mayoría de estas cosas tenemos que trabajar, que realizar un esfuerzo continuado durante años y años, generando un círculo vicioso y continuo de necesidades.

Esta dependencia puede ser interpretada como una pesada carga de la que no nos podemos liberarnos y, consecuentemente, un elemento más que contribuye a la insatisfacción inherente a la condición humana.
La causa reside en el excesivo apego hacia las personas y hacia las cosas.

En algunas ocasiones, nos apegamos a cosas realmente insignificantes, pequeñas e intrascendentes. Pero pueden ser tantas, al mismo tiempo o una detrás de otra, que acaban por esclavizarnos.

Para liberarse del sufrimiento, porque es posible, hay que dejar  la fijación por la causa. Relativizar el valor y la importancia de aquello por lo que se sufre y dejarlo marchar.
Pregúntate: lo que perdiste, tal vez no regrese más, entonces, ¿qué sentido tiene anclarse al pasado? Si todavía lo puedes alcanzar, asegúrate de que lo necesitas realmente, de que no es un deseo superfluo, de que no te estás dejando llevar por  el placer de los sentidos.

Te comparto la siguiente LECTURA sobre la filosofía budista y la idea del desapego.

NUTRICIÓN




EL COMER EMOCIONAL

Cuando se come por causas emocionales significa que las razones son diferentes a tener hambre. Es posible que se coma porque se está triste, cansado, estresado o se siente sol@. O tal vez se utilice a la comida como recompensa.
 La comida puede ser un tranquilizante y distraernos de lo que realmente nos molesta.
Eventos importantes en la vida, como perder un trabajo, pueden causar emociones que llevan a comer más. También pueden hacerlo las pequeñas complicaciones, como llegar tardea un lugar.
Es una situación muy compleja, puesto que durante el acto de comer, no se emplea la conciencia, obedeciendo sólo a los impulsos emocionales que hacen elegir al alimento como fuente de gratificación, entretenimiento y/o autocastigo.
El estado de ánimo puede alterar nuestras elecciones alimentarias y viceversa: haber consumido (o dejado de consumir) determinados alimentos puede influir en el estado anímico. Distintos estudios apuntan que la tristeza, el aburrimiento o el estrés condicionan la manera en que nos relacionamos con la comida. Unas veces, lo hacen de forma obvia y evidente; y otras, de manera sutil e inconsciente.
Desde el nacimiento establecemos una relación que es para toda la vida con el alimento, y como en una relación de pareja, si esta no es adecuada tendremos una comunicación deficiente junto a consecuencias para nuestra salud.
Con las siguientes preguntas puedes sondear tu relación entre los alimentos y las emociones:

Las diez preguntas de la Encuesta “Comedor Emocional” de Garaulet M.
1. ¿La báscula tiene un gran poder sobre ti? ¿Es capaz de cambiar tu estado de humor?
2. ¿Tienes antojos por ciertos alimentos específicos?
3. ¿Te cuesta parar de comer alimentos dulces, especialmente chocolate?
4. ¿Tienes problemas para controlar las cantidades de ciertos alimentos?
5. ¿Comes cuando estás estresado, enfadado o aburrido?
6. ¿Comes más de tus alimentos favoritos, y con más descontrol, cuando estás solo?
7. ¿Te sientes culpable cuando tomas alimentos “prohibidos”, es decir, aquellos que crees que no deberías, como los dulces?
8. Por la noche, cuando llegas cansado de trabajar ¿es cuando más descontrol sientes en tu alimentación?
9. Estás a dieta, y por alguna razón comes más de la cuenta, entonces piensas que no vale la pena y ¿comes de forma descontrolada aquellos alimentos que piensas que más te van a engordar?
10. ¿Cuántas veces sientes que la comida te controla a ti en vez de tú a ella?

Hoy día se hace necesario establecer una relación adecuada y sana entre las emociones y el acto de comer, reaprendiendo a disfrutar del alimento más que “usarlo”. La Dra. Isabel Menendez en su libro “Alimentación Emocional” aborda esta problemática de forma sencilla y atractiva para comprender y cambiar los inadecuados hábitos alimentarios.

 En el siguiente ARTÍCULO encontrarás más información sobre el tema.

SEXUALIDAD







                                                    EL BESO


Existe la ciencia del beso y se conoce como Filematología, según ésta, el intercambio de saliva ayuda a elegir a la pareja idónea.
Para la neurocientífica Wendy Hill, besarse reduce los niveles de cortisol que es la hormona del estrés, aumentando la oxitocina (siempre y cuando besemos a la persona adecuada).
 Por otro lado, para Helen Fisher, el beso al igual que el amor, es una cuestión de química relacionada con los sentimientos y sus significados.

Se habla también de que su origen se remonta hasta el hombre del Cromagnon, cuando la mujer alimentaban a sus crías masticando la comida hasta hacerla puré que luego pasaba de su boca a la de su pequeño.

Así también se mencionan varias versiones en cuanto al origen del beso, por ejemplo, se describe el beso de codicia y traición en la biblia, el primero se refiera a cuando Jacob besa a Isaac, su padre y le hace creer que es Esaú, el primogénito; con la intención de quedarse con la bendición de su padre y con la jefatura de la familia. El otro se refiere al que le da Judas a Cristo en la mejilla, con éste entrega al Hijo del Hombre y se condena para siempre.

A ciencia cierta, no se sabe cuándo y dónde se inició la costumbre de saludar con un beso, sin embargo en Europa a partir del siglo VI el beso, comenzó a emplearse entre los adultos como forma de afecto.

 En la Edad Media, un caballero que besaba a una dama estaba obligado a casarse con ella; así en cada región el beso se empleó de diferentes formas.
Posteriormente y ante tal prohibición, allá por los años 60, la gente se reveló y para demostrarlo hacia lo que no se podía: besarse en público.

Aunque todavía en algunas sociedades el beso aun no es aceptado, en otras partes del planeta tierra sigue vigente. Ya sea para demostrar afecto, cariño, ternura o amor; un beso será siempre bienvenido, cuando éste sea de mutuo acuerdo. Si quieres leer un poco más aquí te dejo una LECTURA corta.