APEGOS Y
SUFRIMIENTO
“La libertad no es más que otra palabra para decir
que no hay nada que perder”
Erick From
Desde el momento de la gestación dependemos de un
conjunto de elementos que proceden del exterior, de nuestro entorno, sin los
que la vida no sería posible o no sería tan fácil y cómoda como lo es ahora.
Existen cosas que son absolutamente imprescindibles y cuya carencia nos provoca
arduos sufrimientos. Necesitamos además construir edificios en donde
protegernos de la intemperie, vehículos para desplazarnos, también cierta
educación y una preparación específica para desarrollar una actividad profesional,
el teléfono e internet para comunicarnos y obtener información y un sinfín de
artefactos y servicios que aunque no son imprescindibles para mantener nuestras
funciones vitales, son necesarios para desenvolvernos con cierta libertad y
seguridad en la sociedad contemporánea.
Para conseguir y mantener la mayoría de estas cosas tenemos que trabajar, que realizar un esfuerzo continuado durante años y años, generando un círculo vicioso y continuo de necesidades.
Esta dependencia puede ser interpretada como una pesada carga de la que no nos podemos liberarnos y, consecuentemente, un elemento más que contribuye a la insatisfacción inherente a la condición humana. La causa reside en el excesivo apego hacia las personas y hacia las cosas.
Para conseguir y mantener la mayoría de estas cosas tenemos que trabajar, que realizar un esfuerzo continuado durante años y años, generando un círculo vicioso y continuo de necesidades.
Esta dependencia puede ser interpretada como una pesada carga de la que no nos podemos liberarnos y, consecuentemente, un elemento más que contribuye a la insatisfacción inherente a la condición humana. La causa reside en el excesivo apego hacia las personas y hacia las cosas.
En algunas ocasiones, nos apegamos a cosas
realmente insignificantes, pequeñas e intrascendentes. Pero pueden ser tantas,
al mismo tiempo o una detrás de otra, que acaban por esclavizarnos.
Para liberarse del sufrimiento, porque es posible, hay
que dejar la fijación por la causa.
Relativizar el valor y la importancia de aquello por lo que se sufre y dejarlo
marchar.
Pregúntate: lo que perdiste, tal vez no regrese
más, entonces, ¿qué sentido tiene anclarse al pasado? Si todavía lo puedes
alcanzar, asegúrate de que lo necesitas realmente, de que no es un deseo
superfluo, de que no te estás dejando llevar por el placer de los sentidos.
Te comparto la siguiente LECTURA sobre la filosofía
budista y la idea del desapego.

