viernes, 21 de septiembre de 2012

NUTRICIÓN




EL NUTRIR EMOCIONAL

La relación directa que existe entre alimento y emoción es fácilmente observable en cualquier persona. Frente a un estado de estrés emocional, todas las personas manifiestan algún cambio en sus hábitos alimentarios: por ejemplo, comer por aburrimiento, gratificarse con un dulce porque se está triste, no sentir hambre cuando se está enojado, etc. Esto demuestra que existen diferentes situaciones y emociones que se enfrentan, aumentando o disminuyendo la ingesta habitual y evitando, de este modo, sentir aquello que tanto perturba. Cuando este mecanismo es el único modo de respuesta que una persona tiene para afrontar sus problemas, se produce una alteración permanente en el uso y significado que se le da al alimento. El impulso a comer o su contrario, la tendencia a la restricción de la ingesta, constituyen una respuesta rígida, inevitable y casi exclusiva para calmar estados emocionales displacenteros. La preocupación por el control del alimento, el cuerpo y el peso, se convierte en un intento fallido de distraer la atención de aquellas situaciones que generan dolor y angustia. Es sabido ya por la ciencia que, en la base de cualquier alteración de la conducta alimentaria, subyace siempre una problemática afectiva que la persona no puede enfrentar y resolver de un modo más funcional, hasta descubrir la causa primaria que la genero. Como en casi todas las experiencias de la vida los primeros años suelen dar la explicación a nuestras incógnitas relacionadas con los comportamientos automáticos e inconscientes y nuestra relación emocional con los alimentos tiene su origen desde el nacimiento, al ser alimentados al seno materno “cálido y nutridor” les comparto en este LINK un artículo interesante donde se aborda este tema de manera sencilla y explícita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario